Antes de firmar un plano conviene dejar por escrito los límites del alcance. Estas son las aclaraciones que repetimos en cada arranque, porque evitan discusiones a mitad de montaje y permiten cotizar con datos reales de piso.
Cómo trabajamos, paso a paso
Un técnico recorre la nave con el jefe de mantenimiento y mide el tramo real: ancho útil, altura de trabajo, tipo de tarima y peso por metro lineal. De ahí sale un croquis con las interferencias que casi nunca aparecen en los planos, como columnas, tubería o charolas eléctricas.
Se define si el tramo va por gravedad, por banda motorizada o mixto, y se elige el rodillo según la carga. La propuesta incluye estructura de aluminio ranurado, tipo de motorreductor y puntos de anclaje, para que el cliente pueda revisarla con su equipo de seguridad antes de aprobar.
Los perfiles se cortan y barrenan en taller, los rodillos se calibran y se sellan contra polvo, y el bastidor se arma en seco antes de salir. Cualquier ajuste de guías laterales o topes se resuelve aquí, no en la planta del cliente, para no detener la línea más de lo necesario.
El montaje se hace por bloques en turnos acordados con producción. Se alinea el transportador, se tensa la cadena, se prueba con carga real y se entrega la ficha de mantenimiento con los intervalos de revisión de rodamientos, lubricación de apoyos y verificación de tensión.
El seguimiento se concentra en los primeros meses, cuando aparecen los ajustes finos: velocidad, altura de guías, puntos de acumulación. Si la distribución de la nave cambia, la estructura de aluminio se desmonta y se reutiliza sin soldar ni repintar.